"I will never love you more than meeting Paul McCartney, when we asked him to play a song with my ukulele" canta SoKo, en inglés. Renunciando así a su herencia francesa, la cual muchas personas soñarían con tener. Pero ella prefiere cantar en inglés, quizá porque este idioma se ha vuelto el idioma de la música. Una vez un amigo me dijo que la mejor música es anglófona, no sé si tenga razón pero la mayoría de las canciones en mi iPod están en este idioma.
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Yo no tuve tan buena suerte como SoKo y mi ukelele está desafinado desde hace como una semana, pero ayer tuve la gran dicha de poder realmente escuchar a una leyenda viviente, cantar esas canciones que revolucionaron la música en el mundo.
En realidad, estoy muy agradecida de haber tenido la oportunidad de escuchar directamente las ondas de sonido que prolongaban esa canción por la cual he recibido el nombre que tengo.
Eran las once pasadas, cuando Paul McCartney decidió cantar las pocas palabras en francés que alguna vez Los Beatles escribieron. Sentí como un alivio. En total viaje como cinco horas, de Ottawa a Trois rivières y de Trois Rivières a Québec City. Cuando llegamos el sol casi se escondía y tomé la única polaroid de la ciudad. El parque en donde el ex Beatle se presentó estaba casi tapizado con basura. Olía a marihuana por todos lados y los había filas sin fin para los baños portables y públicos.
Un escalofrío recorrió mi piel mientras escuchaba directamente esa canción que tanto me arrulló en mi infancia.
"Michelle, ma belle"
"Sont des mots qui vont trés bien ensemble'
Me deje ir, me lancé unos pasos más cerca del escenario, el cual estaba repleto por fánaticos desde las doce de la tarde. Eran las once de la noche. Respiré un aire muy sincero, sonreía. Y me movía de un lado a otro con un movimiento sutíl. Tenía ganas de echarme un clavado en mis recuerdos. Tenía ganas de llorar, tenía ganas de que alguien gritara mi nombre y corriera hacia mí, solamente para abrazarme y besarme.
Fue uno de los únicos tres conciertos que Paul hace al año. Todo fue por su cuenta y sudó y sudó. Cantó 37 canciones y cambió infinidad de veces de guitarras, entre ellas sacó un ukelele regalo del amigo George Harrison. Muchos buenos recuerdos yo creo para él también. Sonreía mucho. Y aunque tiene la edad de mi papá parecía un jovencillo. Qué gusto, que privilegio haber podido escuchar "Michelle" de los labios de Paul McCartney.
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