martes, 29 de julio de 2008

Ludwigsburg




Esta vez te estoy hablando a ti. ¡Sí! a ti que estás escondido ahí detrás de la nevera. Con muchas luces no te puedes esconder, pero sí puedes recordar que estamos aquí para estrecharnos los brazos y comer muchos dulces de guayaba. Porque las guayabas y los mangos se dan en México.

Nada se puede comparar a terminarte una botella de vino tinto con tu madre. Imagínate viendo libros que están escritos en Alemán, solamente comiendo mucho queso y pan. Bailando como locos en un piso brillante, de mármol. Se pueden respirar verdades y recuerdos de una señora alemana de edad. Entiendes que sus ojos sonríen y que en realidad no quieres ser como nadie, simplemente quieres ser tú. Tú como cuando comías rebanadas de pan Bimbo hasta empalagarte de harina. Aprendiendo a hacer flan con tu abuelita y quitando poco a poco el papel tapiz de la casa de la abuela. ¿Te acuerdas de la sillita con flores color amarillo y naranja? También estaba rota y siempre en la esquina de la sala.

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