martes, 29 de julio de 2008

Ludwigsburg




Esta vez te estoy hablando a ti. ¡Sí! a ti que estás escondido ahí detrás de la nevera. Con muchas luces no te puedes esconder, pero sí puedes recordar que estamos aquí para estrecharnos los brazos y comer muchos dulces de guayaba. Porque las guayabas y los mangos se dan en México.

Nada se puede comparar a terminarte una botella de vino tinto con tu madre. Imagínate viendo libros que están escritos en Alemán, solamente comiendo mucho queso y pan. Bailando como locos en un piso brillante, de mármol. Se pueden respirar verdades y recuerdos de una señora alemana de edad. Entiendes que sus ojos sonríen y que en realidad no quieres ser como nadie, simplemente quieres ser tú. Tú como cuando comías rebanadas de pan Bimbo hasta empalagarte de harina. Aprendiendo a hacer flan con tu abuelita y quitando poco a poco el papel tapiz de la casa de la abuela. ¿Te acuerdas de la sillita con flores color amarillo y naranja? También estaba rota y siempre en la esquina de la sala.

lunes, 21 de julio de 2008

Recuerno No. 1


Puedo decir que Alemania fue todo bien diferente que las demás partes de Europa que tuve la oportunidad de conocer. Esta vez voy a escribir recuerdos, solamente puros recuerdos.

Paul McCartney à Québec City






"I will never love you more than meeting Paul McCartney, when we asked him to play a song with my ukulele" canta SoKo, en inglés. Renunciando así a su herencia francesa, la cual muchas personas soñarían con tener. Pero ella prefiere cantar en inglés, quizá porque este idioma se ha vuelto el idioma de la música. Una vez un amigo me dijo que la mejor música es anglófona, no sé si tenga razón pero la mayoría de las canciones en mi iPod están en este idioma.
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Yo no tuve tan buena suerte como SoKo y mi ukelele está desafinado desde hace como una semana, pero ayer tuve la gran dicha de poder realmente escuchar a una leyenda viviente, cantar esas canciones que revolucionaron la música en el mundo.
En realidad, estoy muy agradecida de haber tenido la oportunidad de escuchar directamente las ondas de sonido que prolongaban esa canción por la cual he recibido el nombre que tengo.

Eran las once pasadas, cuando Paul McCartney decidió cantar las pocas palabras en francés que alguna vez Los Beatles escribieron. Sentí como un alivio. En total viaje como cinco horas, de Ottawa a Trois rivières y de Trois Rivières a Québec City. Cuando llegamos el sol casi se escondía y tomé la única polaroid de la ciudad. El parque en donde el ex Beatle se presentó estaba casi tapizado con basura. Olía a marihuana por todos lados y los había filas sin fin para los baños portables y públicos.
Un escalofrío recorrió mi piel mientras escuchaba directamente esa canción que tanto me arrulló en mi infancia.

"Michelle, ma belle"

"Sont des mots qui vont trés bien ensemble'

Me deje ir, me lancé unos pasos más cerca del escenario, el cual estaba repleto por fánaticos desde las doce de la tarde. Eran las once de la noche. Respiré un aire muy sincero, sonreía. Y me movía de un lado a otro con un movimiento sutíl. Tenía ganas de echarme un clavado en mis recuerdos. Tenía ganas de llorar, tenía ganas de que alguien gritara mi nombre y corriera hacia mí, solamente para abrazarme y besarme.

Fue uno de los únicos tres conciertos que Paul hace al año. Todo fue por su cuenta y sudó y sudó. Cantó 37 canciones y cambió infinidad de veces de guitarras, entre ellas sacó un ukelele regalo del amigo George Harrison. Muchos buenos recuerdos yo creo para él también. Sonreía mucho. Y aunque tiene la edad de mi papá parecía un jovencillo. Qué gusto, que privilegio haber podido escuchar "Michelle" de los labios de Paul McCartney.

martes, 8 de julio de 2008

Dentro de


Es muy fácil quedarte atrapado o atrapada, en mi caso, dentro de un pasado que era verdad y debió de haber sido mentira. Es sencillo en realidad, no nos cuesta trabajo. Lo complicado viene cuando quieres salir de esos lugares que tu solo, sola, has ido creando. Ya pasó bastante tiempo desde la última vez que me senté enfrente del televisor para ver mi caricatura favorita, con una leche sabor a chocolate en mis manos, con muchos hielos, porque crecí en México. Y tarde o temprano todo se va, el ruido se va, ya quedaste tú solo, ni siquiera se oyen los gatos en canadá, o los pájaros en México o los violines en Francia. Todo está silencioso las recámaras ya no hablas y las luces ya no suspiran, ya no hay nadie ahí, estás solamente tú. Y ahí, te das cuenta que todo lo que invertiste en ellos o ella o él, no valió la pena, lo pudiste haber invertido en algo más, pero no es cierto, no es cierto porque no hubiera salido igual, con tantas ilusiones, anhelos y ganas de hacerlo posible. Piensas en proyectos que vas a realizar o en la clase de francés que por unos momentos puede ser aburrida, o el aire que se prende y apaga... o tal vez en las risas de tus compañeros cuando en el kinder pensabas que se te habían roto tus lentes. Nunca nadie va a saber lo que tú piensas, al menos no igual como se ve en la pantalla de tu mente. La pregunta de millón es: cómo salir de ahí. De ese lugar que parece ser tu casa pero no lo es, lo que es pasa es que eso piensas porque has estado allí dentro por tanto tiempo, que no te dabas cuentas de todas las aptitudes que tienes. Ya se apagó el aire. Si no sales es porque no quieres, porque te quieres quedar atrapado en un ridículo pasado que nada más existe para ti. Ya cambió todo en ti, y déjame adivinar, quieres ser como eras antes. Pero ni siquiera existe un como eras antes, además no se puede. Volteas a tu alrededor y todas las personas están igual que tú, nadie te puede ayudar. No sabes si estás preparado. ya ni siquiera te acuerdas del daño que le hiciste a las personas, no te quieres acordar. Es absurdo estar ahí atrapado y ¡lo sabes! Qué no ves que hay tanta gente, tantas muchachitas, muchachos que son solamente replicas de los que ven, no saben ver más allá de lo que hay, les gusta todo sencillo.
Fue en Bélgica, cuando iba dentro de un camión que mi grupo de las escuela había rentado para llevarnos a París, Estrasburgo, Luxemburgo y Bruselas. Volteaba y no podía dejar de mirar las impresionantes esculturas arquitectónicas a mi alrededor, era simplemente encantador, nada parecido a algo que yo hubiese visto anteriormente. Las calles eran grandes, pavimentadas, los colores de los muros tenían un tono verdoso, eran como de roca. Estructuras más grandes muy diferentes. Iba yo viendo y por veinte minutos encontré en la acera un hermoso cine. Se veía casi todo igual, a excepción de los diferente negocios y carteles escritos en la lengua nativa de la cuidad. Fue entonces que mis miradas fueron interrumpidas por mi mente, que en ese preciso momento se dio cuenta de que había nacido yo, en una cuidad en realidad muy pequeña.

Me gusta que mis padres no me hayan mandado o llevado a conocer en continente tercer mundista cuando era pequeña. Que se guardara cierta inocencia e ingenuidad hacía lo que es un mundo muy diferente a lo que estaba acostumbrada a ver.

jueves, 3 de julio de 2008

Hot milk

leche caliente en el bed breakfast de Roma.

O leche fría ahorita y no sé dónde está mi hermana... quiero respirar.