
Es muy fácil quedarte atrapado o atrapada, en mi caso, dentro de un pasado que era verdad y debió de haber sido mentira. Es sencillo en realidad, no nos cuesta trabajo. Lo complicado viene cuando quieres salir de esos lugares que tu solo, sola, has ido creando. Ya pasó bastante tiempo desde la última vez que me senté enfrente del televisor para ver mi caricatura favorita, con una leche sabor a chocolate en mis manos, con muchos hielos, porque crecí en México. Y tarde o temprano todo se va, el ruido se va, ya quedaste tú solo, ni siquiera se oyen los gatos en canadá, o los pájaros en México o los violines en Francia. Todo está silencioso las recámaras ya no hablas y las luces ya no suspiran, ya no hay nadie ahí, estás solamente tú. Y ahí, te das cuenta que todo lo que invertiste en ellos o ella o él, no valió la pena, lo pudiste haber invertido en algo más, pero no es cierto, no es cierto porque no hubiera salido igual, con tantas ilusiones, anhelos y ganas de hacerlo posible. Piensas en proyectos que vas a realizar o en la clase de francés que por unos momentos puede ser aburrida, o el aire que se prende y apaga... o tal vez en las risas de tus compañeros cuando en el kinder pensabas que se te habían roto tus lentes. Nunca nadie va a saber lo que tú piensas, al menos no igual como se ve en la pantalla de tu mente. La pregunta de millón es: cómo salir de ahí. De ese lugar que parece ser tu casa pero no lo es, lo que es pasa es que eso piensas porque has estado allí dentro por tanto tiempo, que no te dabas cuentas de todas las aptitudes que tienes. Ya se apagó el aire. Si no sales es porque no quieres, porque te quieres quedar atrapado en un ridículo pasado que nada más existe para ti. Ya cambió todo en ti, y déjame adivinar, quieres ser como eras antes. Pero ni siquiera existe un como eras antes, además no se puede. Volteas a tu alrededor y todas las personas están igual que tú, nadie te puede ayudar. No sabes si estás preparado. ya ni siquiera te acuerdas del daño que le hiciste a las personas, no te quieres acordar. Es absurdo estar ahí atrapado y ¡lo sabes! Qué no ves que hay tanta gente, tantas muchachitas, muchachos que son solamente replicas de los que ven, no saben ver más allá de lo que hay, les gusta todo sencillo.
Fue en Bélgica, cuando iba dentro de un camión que mi grupo de las escuela había rentado para llevarnos a París, Estrasburgo, Luxemburgo y Bruselas. Volteaba y no podía dejar de mirar las impresionantes esculturas arquitectónicas a mi alrededor, era simplemente encantador, nada parecido a algo que yo hubiese visto anteriormente. Las calles eran grandes, pavimentadas, los colores de los muros tenían un tono verdoso, eran como de roca. Estructuras más grandes muy diferentes. Iba yo viendo y por veinte minutos encontré en la acera un hermoso cine. Se veía casi todo igual, a excepción de los diferente negocios y carteles escritos en la lengua nativa de la cuidad. Fue entonces que mis miradas fueron interrumpidas por mi mente, que en ese preciso momento se dio cuenta de que había nacido yo, en una cuidad en realidad muy pequeña.
Me gusta que mis padres no me hayan mandado o llevado a conocer en continente tercer mundista cuando era pequeña. Que se guardara cierta inocencia e ingenuidad hacía lo que es un mundo muy diferente a lo que estaba acostumbrada a ver.