sábado, 8 de diciembre de 2007
Mi auto-motivación
A veces, me da miedo escribir. Me parece triste que no lo haga a menos que me lo pidan. Creo, hoy mi auto-motivación me dijo: “Soy tu auto-motivación y te ordeno que escribas”. Empero, normalmente sí escribo, escribo en mi mente. Sería genial si estuviésemos equipados con una maquinita de encendido y apagado, que grabara nuestras palabras mentales. Suena raro pero lo hago bastante a menudo. Quizá es la pereza la culpable. Decía yo que me da miedo escribir ya que haciéndolo puedo descubrir nuevas cosas. Sí, no soy como todos ustedes ansiosos de descubrir nuevas cosas. Digo me encanta aprender nuevas cosas, descubrir nuevos colores, olores, sentimientos, pero cuando llegas a materia de tu persona, es diferente. No sé ni porqué estoy compartiendo esto con ustedes, realmente no me importa lo que piensen en lo absoluto. Lo anterior pareciera que lo escribo en una manera ofensiva o que estoy amargada o algo por el estilo, mas no es así; solamente estoy siendo sincera. Pareciera que estoy cansada la mayor parte del tiempo, no lo sé porqué, quizá me gusta sentirme de esa manera. Cansada de creer cosas, ansiosa por estar con él. Anoche, y digo anoche porque aunque no lo parecía, eran ya casi las diez de la noche. Recuerdo que tiempo atrás, era toda correcta, y a esas horas ya debía de estar por ahí del octavo sueño. No había sol, pero parecía aún más iluminado que un domingo en la mañana. Todo estaba oscuro pero había mucha luz. Entré; todo afuera estaba caliente pero adentro frío. Lo raro es que cuando salí, estaba todo invertido. Entonces pensé otra vez lo poderosa que era la mente, y en las desventajas vivir sobre el nivel del mar. En fin, entré, todo estaba igual, las cosas seguían ahí. Pero él no estaba, no me sentía ansiosa, bueno un poco, más bien como cazadora. De un de repente, me pareció escuchar un “splash”, y entonces eran las dos o tres de la tarde, era Lunes. Solamente quería que te tiraras, quería abrazarte hasta sofocarte, antes de que te fueras. Un aplauso. Todo seguía igual, creo eso fue algo mejor conocido como soñar despierto. Yo seguía ahí, No se oía nada y mi cabello volaba. Me gustaba. A nadie le importaba si en ese momento yo decidía dejar de existir. Sería todo silencioso y bonito. Nadie se daba cuenta. Quiero decir, en ese momento. Pero me gustaba no oír nada y anhelar.
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